La derrota es triste, cuando luchas por algo en lo que crees, cuando tienes la esperanza de que las cosas (la gente) cambien, pones todo tu empeño, embarcas todas tus tropas, utilizas los recursos, las armas, las estrategias necesarias. Pero hay enemigos que son impasibles, indolentes, incansables, que no cejan en su empeño de seguir siendo como son, de seguir viviendo en su realidad que no siempre es la que realmente nos hace feliz al resto de los mortales, que la mayor parte de las veces ni siquiera es la verdadera realidad sino una invención para justificar su propio y egocéntrico yo.Me cansé de luchar, de pelear, de intentar hacer ver al "enemigo" todo lo que está mal, todo lo que no funciona, todo lo que nos hace daño.
Me ha vencido la pasividad, me vence la desesperanza y la ilusión desaparece. Seguir gastando energías en algo que no tiene solución no tiene sentido alguno.
No hay más fuerzas para buscar más estrategias, para elaborar más batallas.
Esta guerra está perdida
Sin embargo la guerra contra el autocastigo la gané hace unos meses y me siento feliz por ello, no volverá a hacer de las suyas, la autoestima no se encontrará bajo mínimos como antes. De vez en cuando algunos reductos violentos se sublevan y forman guerrillas urbanas contra mi persona, pero están bajo control y sé cómo aplacar sus iras.
Esas sí son batallas por las que merece la pena esforzarse y pelear día a día.
Sólo esas, ninguna más.




